martes, marzo 24, 2009

Ese tétrico ritual

Suena el golpe del radio desintonizado: la alarma. Mi mente quisiera obviarla. Levanto mi moribundo brazo con agravio y lo dejo caer a mi costado sobre la mesita de noche. Palpando, encuentro el control y logro callarle la voz a la hora, mas no a la conciencia. Los párpados empiezan a desentrabarse hasta dejar entrar los primeros y ácidos rayos de luz.

Trato de incorporarme. La oscura madrugada me seduce a negarme, a darle un rotundo ¡no! a la obligación, pero ya mi desnudo cuerpo ha sido golpeado por el frío. Con el párpado entreabierto busco mi pantalón y las sandalias, esas que siempre creo haber dejado al pie de la cama, y no pasa un día sin que tenga que buscarlas como matrimonio al amanecer: separadas y perdidas o increíblemente interpuestas en la oscuridad. La planta de los pies sobre la gamuza le da un toque menos “morte” a los primeros pasos; de no ser así, la helada cerámica podría derrocar hasta al más tenaz de los despiertos.

Ya mi cuerpo, semi-protegido y erguido, tarda unos segundos en vencer la batalla de los arrullos y las sábanas -sé bien que los primeros pasos saben a exilio- y no tan feliz de de la victoria, llevo mis huesos tiritando paso a paso ante el umbral del baño, entro y cierro -no vaya a ser que huya mi valentía-. El sonido seco de la puerta me arrincona. Y como una violación a los sentidos, inicio el ritual y me voy despojando de lo que hasta hace poco me cubría la piel; ya roto el encanto, lo que deseo es apurar la maltrecha sensación de agobio.

¡Que caigan ya los yugos! esos primeros y húmedos cristales. ¡Que venga la cachetada dura al alma! el jadeo como un grito anunciado y punzante, el que nace de pulmones, pezones y entrepierna. ¡Que venga ya el redentor de la angustia!

La frente se frunce, los poros se hinchan, los párpados se encuentran y la columna se contrae fetalmente. Despliego la mano sobre el grifo mientras pienso “¡Soy mi propia víctima!”. Lo giro lentamente y antes de exponerme a la cruda lluvia del alba me detengo furioso. Una sola gota escapa como flecha de hierro y se encarna en mi pecho.

Aturdido y resignado a mi estupidez, recapacito: ¡Por la gran puta hoy es domingo!.

(Aut. Roberto Leitón ®)

2 comentarios:

el Gato Negro dijo...

Un saludo

Desde hace unos meses, yo y otros dos amigos, estamos llevando a cabo un proyecto. Dicho proyecto consiste en la elaboración de una comunidad literaria independiente, un rincón en el que cualquiera pueda expresarse y de cualquier forma: relatos, poesía, etc. La idea de la que surgió y de la que aún se sigue sustentando, no es solo esa expresión, anteriormente mencionada, sino el mestizaje: que lo que yo escriba puede servirle a otro de aprendizaje o si más no, pueda aportarle alguna idea y viceversa. Por ello, les invito a todos aquellos que quieran participar en la redacción a que envíen un mail a [email protected], citando el correo electrónico de la cuenta blogger, a la que deberá enviarse la invitación.

Atentamente,

El Gato Negro

Ameyal dijo...

Auch... describís mi peor pesadilla. A veces me levanto muy temprano los domingos para ir a caminar, pero el hecho de pensar en levantarme CONTRA mi voluntad, me provoca malos sueños.
Excelente descripción.